El gurú es, en secreto, un empresario
Piensa en alguien que admiras en el bienestar. Un médico, digamos. Uno de los pocos con tres especialidades, que pasó años en hospitales y en cuidados paliativos, despidiendo pacientes, y que un día dejó todo eso para hablar de la energía del sol, del suelo y de tus mitocondrias con una voz que suena más a poeta que a doctor. Alguien que te estremece cuando lo escuchas y te hace sentir que su lugar en el mundo le llegó por pura sabiduría. Ahora imagínate sentándote a hablar de negocios con él, y que en vez de poesía te empiece a hablar de cadenas de suministro, de pauta, de reglas legales, de a quién tuvo que contratar y a quién tuvo que despedir. Y que de todo eso sepa muchísimo más que tú.
Eso me pasó hace unos años con Zach Bush. Me dejó de a cuatro. Debajo del médico que yo admiraba como a un poeta había un empresario elocuente que jamás me imaginé, y su mensaje llegaba tan lejos precisamente por todo lo que él había construido para que llegara.
Ese día algo se movió en mí. La industria del bienestar vende figuras que parecen haber llegado a su lugar por pura vocación, y esconde el andamiaje que las sostiene: la contabilidad, los contratos, las campañas, las decisiones feas de dinero. La del éxito en cinco pasos es la que más lo esconde. Te enseña el escenario iluminado y te guarda todo lo que pasó para llegar ahí.
El año pasado, en una clase, hice algo que no había hecho nunca: les abrí mis números a mis alumnos. Cuánto entró, cuánto costó, qué me dejó y qué no. Les enseñé todo, con su desorden y sus cajas a medio abrir. Me dio pudor y orgullo al mismo tiempo.
En el bienestar, al menos el que yo creo y quiero construir, también depende de cuánto te atreves a enseñar.
Zach siguió siendo ese médico que habla como poeta, y encima aprendió de finanzas, y por eso su mensaje de verdad llega a la gente. Si tú das consulta o diseñas experiencias de bienestar, seguramente hay una parte del oficio que llevas tiempo posponiendo porque sientes que le toca a alguien más "empresario" que tú. Yo creo que te toca a ti, igual que le tocó a él. El ejercicio de esta semana es para ponerle nombre a esa habilidad que tienes que hacerte para poder sostener lo que quieres dar.
Para hacer esta semana
¿Qué habilidad tienes que hacerte para sostener lo que quieres dar? Escribe en una línea lo que ofreces, haz tu lista honesta de para qué eres bueno y para qué eres malo, y elige la habilidad de negocio que, si te la hicieras, sostendría de verdad tu proyecto. Toma unos 30 minutos.